La emergencia por desabastecimiento de agua que enfrenta Buenaventura desde hace más de una semana, ocasionada por la ruptura de una tubería de 39 pulgadas que abastece gran parte del casco urbano, ha dejado sin servicio a cerca del 70 % de la población. Aunque se trata de una contingencia técnica, sus efectos han trascendido ampliamente el ámbito de los servicios públicos. La situación ha puesto en evidencia la estrecha relación que existe entre el acceso al agua potable y los principales desafíos sociales que enfrenta el territorio.
Los resultados de la Encuesta de Percepción Ciudadana (EPC) 2025 de Buenaventura Cómo Vamos son contundentes, el 41% dice contar con el suministro entre 4 y 7 horasdiarias. Al consultar sobre los temas a los que la Administración Distrital debería prestar mayor atención, las respuestas señalaron tres prioridades: salud, educación y pobreza y vulnerabilidad. La crisis actual demuestra que estas preocupaciones no son independientes y que todas encuentran un punto de convergencia en la calidad de los servicios públicos.
La salud es, el ámbito donde los efectos son más inmediatos. El agua potable constituye una de las herramientas más importantes para prevenir enfermedades. Su ausencia dificulta las prácticas básicas de higiene, incrementa riesgos asociados al almacenamiento inadecuado y genera mayores presiones sobre los servicios de salud. En una ciudad donde
amplios sectores de la población enfrentan condiciones de vulnerabilidad, una interrupción prolongada del suministro representa un riesgo que trasciende la incomodidad cotidiana y se convierte en un asunto de salud pública.
La educación tampoco escapa a esta realidad. Las instituciones educativas han tenido que adoptar medidas extraordinarias para garantizar la continuidad de sus actividades. La falta de agua afecta las condiciones mínimas para el funcionamiento de las mismas y genera dificultades adicionales para la comunidad académica. En una ciudad donde un tercio de la población es joven, proteger el acceso a la educación debe ser una prioridad inaplazable. Cada jornada de aprendizaje afectada representa una oportunidad menos para avanzar en la construcción de conocimiento.
Son los hogares en situación de pobreza y vulnerabilidad quienes enfrentan las consecuencias más severas. Mientras algunas familias cuentan con tanques de almacenamiento o recursos para adquirir agua, miles de hogares dependen exclusivamente del suministro público o de la divina providencia. Para ellos, la emergencia implica mayores gastos, dificultades para la preparación de alimentos y una carga adicional sobre las familias. La crisis evidencia cómo las brechas sociales se profundizan cuando fallan los servicios esenciales.
Los impactos económicos también son evidentes. Comerciantes y pequeños emprendimientos han tenido que asumir costos adicionales para mantener sus operaciones o reducir temporalmente su actividad. Esto ocurre en una ciudad estratégica para Colombia, donde se encuentra el principal puerto sobre el Pacífico y por donde se moviliza una parte importante del comercio exterior del país. La competitividad de Buenaventura depende no solo de su infraestructura portuaria, sino también de la capacidad de garantizar servicios públicos confiables para ciudadanos y empresas.
La crisis ocurre, además, en un momento en que las diferentes instancias del ejecutivo, hablan de vigencias futuras, recursos de regalías, para proyectos prioritarios de agua potable y saneamiento básico, iniciativas que podrían movilizar más de 280.000 millones de pesos en los próximos años. Desde el programa Buenaventura Como Vamos, insistimos
en auscultar el mecanismo de Obras por Impuestos, que sume a la causa.
¿Que deja esta emergencia? Invertir en infraestructura de agua potable no es únicamente una decisión política/técnica; es una inversión en salud, educación y reducción de la pobreza. La ciudadanía ya ha identificado cuáles son las prioridades. Corresponde a los tomadores de decisión convertir esas prioridades en resultados, con una planeación
inteligente, inversiones oportunas y seguimiento en la ejecución. Cuando falta el agua, quedan al descubierto los desafíos más profundos de una ciudad.

